De repente ayer me dí cuenta del cambio que se había producido en el Almendro. Yo lo escrudiñaba minuciosamente todos los día buscando la señal de que su savia había comenzado a latir, pero nunca descubría nada, Y ayer, justo cuando amanecía y baje para ver si amenazaba lluvia, me asombré al encontrarlo todo lleno de brotes nuevos, verdes y tiernos y de pequeños capullos que en breve se convertirán en flores.
Y entonce te sentí más que nunca, más cerca que nunca, más intenso que nunca. Y mi amor se desbordó.
Eres tan especial como para hacerte sentir renacer en estas fechas, y hacerme conocedora de que nunca te marchitaste, que tan solo fue un descanso para tomar fuerzas y volver a surgir renovado junto a mí, junto a nosotros.
Seguramente mañana los pájaros mañaneros cantaran entre tus ramas.
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